Fin

     Supongo que esta entrada es la más distinta, difícil y dolorosa de todas. Será la más triste, será la que espero no volver a repetir, será la que exprese lo que necesito que una persona en particular escuche desde hace 27 días.
     Tres renglones, ya tengo un nudo en la garganta. Desde el 22 de agosto tengo un dolor en mi interior que intento sanar con todo lo que pueda hacer, pero nada es suficiente.
     22 de agosto, el día que jamás voy a olvidar, el día que la angustia, el dolor y la desesperación nublaron mi vida. 22 de agosto me repito a cada rato. Me repito lo que sucedió en mi cabeza, me paraliza nuevamente, me marea, me da dolor, me dan pocas ganas de seguir acá.
     Hace 28 días atrás recuerdo que tampoco fue el mejor día, podría haber tenido un recuerdo más lindo, sólo recuerdo que me preocupé por él.
     Hace 29 días atrás lo vi tan cansado pero feliz. Decía con orgullo mis logros del día, las decía él, no yo. También decía cómo sacrificaba sus noches de siesta desde hacía, por lo menos, 29 años. De esa noche tengo un recuerdo muy lindo, de verlo.
     Nunca pensé en esto antes de estos 29 días porque todavía es irreal, fue repentino y me sacó al hombre más importante de mi vida, ese que era el pilar fundamental de mi familia.
Tuve roces, tuve peleas, le dije mil veces que no me moleste, lloré por él. Ahora le ruego a quien sea que vuelva a molestarme, a decirme las cosas que parecían innecesarias pero de las que aprendía más que de cualquier otro lugar. Quiero que vuelva, quiero abrazarlo, quiero decirle una vez más "mi gordito".
     Suelen pasarme que situaciones de la vida cotidiana de otras personas me traigan recuerdos que viví con él a lo largo de estos 20 años. Hace unos días viajaba en el tren a la facultad y me tocó ver por la ventana a una familia jugando, en ese instante recordé un día hace pocos años, iba con él y con nuestros dos perros a buscar a mi hermana a una parada de colectivo, yo llevaba al más grande, pero parecía que él me levaba a mi de lo rápido que iba, mientras tanto mi papá se reía, lo hacía correr más, y en un momento lo llevó él que con su fuerza sí lo podía controlar, además no quería que yo me lastime.
    Esos recuerdos hermosos duran poco, porque después pienso en "¿Dónde está? ¿Lo podemos repetir?" y vuelve ese 22 de agosto, la madrugada, las patrullas, la ambulancia, el auto arriba de la vereda y él en el piso tapado por un plástico negro. Vi su mano, yo venía en otro auto con mi prima y su novio. El bajó, fue corriendo, yo sólo pensaba que no era el. Fue mi prima, yo no me animaba a bajar del auto, sólo miraba para atrás, donde estaban ellos. En menos de cinco minutos ya estaba en un shock, lleno de lágrimas y sin creerlo.
     Papá esa noche me salvó la vida, si hubiese pasado una hora o unos minutos después, yo hubiese estado arriba del auto y nos habríamos ido los dos.
     El 22 de agosto recuerdo que pasé más de una hora en la que mi llanto no cesó, en la que me querían obligar a comer pero no podía. Mi casa rebalsaba de gente, yo estaba en mi pieza sin ganas de levantarme, con mi novio a mi lado, cada vez que tenía que pararme él me ayudaba porque perdía el equilibrio, la fuerza, las ganas. Ese día conocí por primera vez cómo es una comisaría.
     Decir que el último recuerdo que tengo de mi papá es en un cajón parece tan siniestro que prefiero tener presente cada minuto de hace 29 días atrás.

     En estos 27 días sentí que estaba cerca mío, lo último que le pedí al lado del cajón fue que me cuide y que nunca me abandone, que aparezca en mis sueños, que me de fuerzas y no me deje caer. Siento que está a mi lado, a cada momento, cuando todo me sale mal, siento un cariño que lo atribuyo a él, hasta siento que se ríe de las cosas malas que me pasaron.

     En 20 años aprendí mucho de el, pero me faltó tanto, le faltó tanto para vivir. Aprendí algo fundamental que nunca voy a olvidar: tuve al mejor padre del mundo. Cada día volvía con un nuevo proyecto en su cabeza, parecían locuras pero sé que a él le iban a salir bien. Me enseñó tanto, me educó muy bien, estaba tan orgulloso de mi. Todo esto se lo voy a hacer notar, desde donde esté, quiero que me vea crecer, triunfar, hacer algo que al fin a él le gustaba.

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