Separarnos y volver
El año pasado tuve que lidiar con la pérdida de mi banda favorita. A uno le da igual cuando la supuesta sensación del momento deja de darle alegría a sus seguidores. Le da igual hasta que pasa.
Mi banda favorita se separó al día siguiente de mi cumpleaños, real.
Acababan de sacar un disco y junto con los fans ya preveíamos una gira por el interior del país, nosotros viajando como todos los años, con alegría de disfrutar el micro, el lugar nuevo, el hostel, recital, la noche fuera de casa a varios kilómetros y luego abandonar el lugar muy temprano para regresar antes del mediodía.
Todo eso lo tuvimos que dejar de lado, pero ¿cómo se llena el vacío de no volver a tener las noches más felices que vivía?
No era solo la banda, era el lugar, la mística del recital, la gente, la previa, el post, reír, hacer nuevos amigos, pasear sintiéndonos los reyes del lugar. Me negué a perder todo eso, busqué más alternativas.
Que bien, dirán, seguir haciendo lo que más me gusta. Que bien, no abandonar mis sueños.
Al no tener a mi banda, salí a buscar otras. Similares, similares a similares, amigos de los músicos, festivales con cinco bandas, seguir viendo a esas cinco bandas y con otras más. Bandas viejas, las bandas de siempre, bandas nuevas. De acá, de Córdoba, de Rosario, de Mendoza. El mismo género, el género un poco desvirtuado, algo completamente diferente, del pop al rock, del synth al folk, indie, muchísimo indie, rock alternativo y devuelta pop.
Así empecé a ver a una banda que ya había visto de casualidad unas cuatro veces o más, no sé, nunca les presté atención. Los he visto de invitados o dentro de otros festivales, pero nunca había querido verlos a ellos solos.
Qué habrá sido esa fuerza misteriosa que me obligó a buscar su discografía, a escucharlos una y siete veces en el mismo día, que después de un largo tiempo volvieron a tocar ellos solos y fui, con alegría, a verlos.
"Oooooh vamos BDT, BDT, BDT vamos BDT" coreaban los fans. Empecé a hablar con una chica que los iba a ver siempre que podía, porque se ve que las veces que yo los vi con desprecio, ella estaba adelante de todo dándoles apoyo. Fue mi primera motivación para volver a verlos.
Esa vez, también, estaban los mismos que veía cuando tocaba la banda separada, al parecer descubrieron antes que yo que ambas bandas sonaban similar, que se podía festejar como lo hacíamos aquellas noches. Esa fue mi segunda motivación.
La misma noche, una persona masculina me llamó la atención, porque después de perder la conciencia con tanto alcohol, recibí unos mensajes de "me volviste loco", se volvió un misterio. Me anticipó que era hermano de uno de los de la banda, que iba siempre a verlos, a testear al público, a dar consejos de cómo sonar la próxima vez. Realmente este misterio era maravilloso. Estuve con él, pero no sabía como era su cara, ni su figura, ni su nombre, sólo sabía qué hacía él esa noche ahí. Era la tercer motivación para ir a ver a la banda una y mil veces más hasta volver a encontrarlo.
Ahora, la duda seguramente general, ¿por qué mis amigos, o este misterioso paraíso no eran la primera motivación?
Esta banda, estoy casi segura, me hizo salir de una burbuja flácida de la que siempre necesité escaparme. Supongo que ese deseo estuvo siempre pero faltó el pinchazo primordial para poder decidir qué era lo que quería.
Estaba borracha, estaba inconsciente, me fallaban las palabras, no podía estar en pie sin tambalearme. Pero lo que pasó esa noche lo recuerdo cada día y después de mucho pensarlo, ruego por que vuelva a repetirse.
Mi banda favorita se separó al día siguiente de mi cumpleaños, real.
Acababan de sacar un disco y junto con los fans ya preveíamos una gira por el interior del país, nosotros viajando como todos los años, con alegría de disfrutar el micro, el lugar nuevo, el hostel, recital, la noche fuera de casa a varios kilómetros y luego abandonar el lugar muy temprano para regresar antes del mediodía.
Todo eso lo tuvimos que dejar de lado, pero ¿cómo se llena el vacío de no volver a tener las noches más felices que vivía?
No era solo la banda, era el lugar, la mística del recital, la gente, la previa, el post, reír, hacer nuevos amigos, pasear sintiéndonos los reyes del lugar. Me negué a perder todo eso, busqué más alternativas.
Que bien, dirán, seguir haciendo lo que más me gusta. Que bien, no abandonar mis sueños.
Al no tener a mi banda, salí a buscar otras. Similares, similares a similares, amigos de los músicos, festivales con cinco bandas, seguir viendo a esas cinco bandas y con otras más. Bandas viejas, las bandas de siempre, bandas nuevas. De acá, de Córdoba, de Rosario, de Mendoza. El mismo género, el género un poco desvirtuado, algo completamente diferente, del pop al rock, del synth al folk, indie, muchísimo indie, rock alternativo y devuelta pop.
Así empecé a ver a una banda que ya había visto de casualidad unas cuatro veces o más, no sé, nunca les presté atención. Los he visto de invitados o dentro de otros festivales, pero nunca había querido verlos a ellos solos.
Qué habrá sido esa fuerza misteriosa que me obligó a buscar su discografía, a escucharlos una y siete veces en el mismo día, que después de un largo tiempo volvieron a tocar ellos solos y fui, con alegría, a verlos.
"Oooooh vamos BDT, BDT, BDT vamos BDT" coreaban los fans. Empecé a hablar con una chica que los iba a ver siempre que podía, porque se ve que las veces que yo los vi con desprecio, ella estaba adelante de todo dándoles apoyo. Fue mi primera motivación para volver a verlos.
Esa vez, también, estaban los mismos que veía cuando tocaba la banda separada, al parecer descubrieron antes que yo que ambas bandas sonaban similar, que se podía festejar como lo hacíamos aquellas noches. Esa fue mi segunda motivación.
La misma noche, una persona masculina me llamó la atención, porque después de perder la conciencia con tanto alcohol, recibí unos mensajes de "me volviste loco", se volvió un misterio. Me anticipó que era hermano de uno de los de la banda, que iba siempre a verlos, a testear al público, a dar consejos de cómo sonar la próxima vez. Realmente este misterio era maravilloso. Estuve con él, pero no sabía como era su cara, ni su figura, ni su nombre, sólo sabía qué hacía él esa noche ahí. Era la tercer motivación para ir a ver a la banda una y mil veces más hasta volver a encontrarlo.
Ahora, la duda seguramente general, ¿por qué mis amigos, o este misterioso paraíso no eran la primera motivación?
Esta banda, estoy casi segura, me hizo salir de una burbuja flácida de la que siempre necesité escaparme. Supongo que ese deseo estuvo siempre pero faltó el pinchazo primordial para poder decidir qué era lo que quería.
Estaba borracha, estaba inconsciente, me fallaban las palabras, no podía estar en pie sin tambalearme. Pero lo que pasó esa noche lo recuerdo cada día y después de mucho pensarlo, ruego por que vuelva a repetirse.
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