Cable a tierra

Acabo de quedarme pensando en el presente, en lo que es mi vida. Tengo apenas 18 años, en unos días cumplo 19. Hace un momento dejé la lapicera en la cartuchera, paré de hacer la tarea para la facultad porque me di cuenta de la hora. Recién llegó mi hermana de una fiesta. Mi hermano salió. ¿Entienden que soy la menor de la familia y su sábado a la noche lo empeña en hacer tarea para dentro de dos días? Hasta papá trajo un amigo suyo a casa esta noche.
Estoy dejando la juventud totalmente de lado. Estoy pensando que todo lo que antes me divertía hasta las risas fuertes, ahora pienso que no es de mi estilo o hasta me parece aburrido. Me preocupo hasta la depresión por no tener trabajo en vez de no estar en un antro con amigas. Pienso que en el momento que tenga algo de dinero quiero usarlo en libros, un café en un bar y alguna revista, en vez de ropa, la entrada a un boliche o la consumición de la noche.
Pienso en mi futuro, ya decidí que el año que viene quiero estar estudiando dos carreras. Quiero tener futuro en el periodismo.
Ya va más de un mes desde que empecé la facultad. Me encanta, me da tanta felicidad estar cursando la carrera que decidí que fuese la mía. Las dos horas de ida y vuelta no impiden que mi sonrisa no aparezca al pasar la puerta de entrada. Llego temprano, imprimo trabajos, me siento en mi banco y saco mi cuaderno. Empieza la hora y presto atención, no participo en clases todavía, aprendo cosas nuevas, nos mandan tarea y empieza el receso. Voy por un café que seguro tardo más de 20 minutos para tomarlo. Comienza la segunda hora e igual, prestar atención, tomar apuntes de los datos que no quiero olvidar y esperar consignas. Terminan las horas y me quedo haciendo trabajos para la semana que viene. Me gusta adelantarme o hacer todo en el momento. Las actividades me parecen entretenidas, las quiero hacer lo más antes posibles. Por ahí no entendí bien lo dictado, pero luego después de la corrección aprendo de mis errores, todavía soy nueva en esto.

El mes pasado fuimos de viaje a Dolores con mi hermana a ver a Tan Bionica. Mientras medio micro reía, tomaba alcohol, insistían en estar unos con otros, se escuchaban palabras sobre otras personas que no habitaban el micro, iban de un lado al otro entablando conversaciones con desconocidos y se encerraban en el baño a fijarse si no se les corrió su maquillaje, yo estaba tratando de poder hacer una tarea que me costó tanto tiempo que una hora antes de la entrega lo estaba terminando. Pensaba que no había necesidad de hacer todo eso que hacían. Con la lluvia que había, muchos bajaron a celebrar la llegada al destino.
Todas esas personas iban desde los 15 a los 28 años. No era ni por poco la más grande, y veía a todos como si fuese infantería.
En el recital fui la de siempre. Era un lugar bastante raro, por la lluvia se llegó a inundar adentro aunque sea techado, estábamos todos en sector general, es decir, atrás de varios otros sectores. Durante algunos temas preferí quedarme más atrás viendo cómo iba la banda en el escenario, gracias a las pantallas gigantes que permitían una vista detallada para todo aquel que prefería ese lugar.
El transcurso de ida y vuelta pareció un micro de viaje de egresados, al lado de nuestro asiento seguía habiendo más de dos personas contando lo ocurrido mientras los demás no estaban.

Olvidé lo que es salir a pasear con amigas, olvide lo que es un boliche popular, olvidé el miedo de que mis padres me digan algo por lo que hago, olvidé las mañanas con compañeras de colegio esperando la última hora para irme porque nada de eso me interesaba. Olvidé ir a lugares que detesto. Muchos de los males que "atormentaban" mi pasado, sirvieron para no temerles en el presente y enfrentarlos en el futuro.
Todo el tiempo quiero responsabilidad, quiero un trabajo, quiero otra carrera, quiero poder llegar a ser alguien. No quiero que mi poco sentido de humor o niñez afecte mi futuro.

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